.Crónicas de barrio…
CAROLINA BAZÁN
..Ciclista y Chef de Ambrosía Bistró, elegida en 2019 como la mejor chef mujer de Lationamérica. A los 23 años se hizo cargo del restaurante Ambrosía que había puesto su madre en el centro de Santiago. Luego de estudios en el extranjero volvió a relanzar Ambrosía y luego Ambrosía Bistró, que en 2024 se instaló en MUT. En 2025 abrió Marieda en Londres, donde busca destacar la cocina chilena en Europa…
ENTRE EL CERRO Y LA CIUDAD
Vivir entre Providencia y Las Condes es habitar una frontera amable: la que separa el ritmo acelerado de la ciudad del respiro profundo del cerro. En medio del tránsito, los cafés, los colegios y las oficinas, aparece siempre él, imponente y cercano: el Parque Metropolitano, nuestro San Cristóbal, ese pulmón verde que ordena la vida sin que nos demos cuenta.
El cerro no es solo paisaje, es referencia. Es saber hacia dónde mirar cuando el día se nubla. Es el verde que cambia con las estaciones, el olor a tierra húmeda en invierno y a pasto seco en verano. Es la silueta que acompaña el café de la mañana y el regreso rojo a casa al atardecer.
La vida gira en torno a sus senderos. Muy temprano, antes de que el sol apriete, subimos los ciclistas en silencio. Los corredores marcan el paso día a día. Más tarde, aparecen las familias: coches, niños con bicicletas pequeñas, abuelos caminando despacio. Los fines de semana el cerro se vuelve una fiesta discreta: picnic bajo los árboles, risas, mantel extendido, mote con huesillo frío en la mano.
Las piscinas del Tupahue y del Antilén son postales de verano. Desde el agua, Santiago parece otra ciudad: más baja, más silenciosa, casi amable. Flotar ahí arriba, con la cordillera de fondo, es un privilegio que a veces olvidamos. No todas las ciudades regalan un horizonte así, ni un parque que abrace barrios completos y los haga sentirse parte de algo más grande.
Entre Providencia y Las Condes la vida es urbana, sí, pero el cerro la humaniza. Nos recuerda que la naturaleza no está lejos, que basta cruzar unas cuadras para entrar en otro ritmo. Que el verdadero lujo no siempre es un edificio alto o una avenida amplia, sino tener un bosque al lado de la casa.
Vivir aquí es crecer con el cerro como compañero: subirlo para pensar, recorrerlo, entrenar para despejar, mirarlo simplemente para agradecer. Porque en una ciudad que no se detiene, tener un parque así de cerca no es solo comodidad. Es una forma de bienestar. Es, sin exagerar, una forma de vida.
CAROLINA BAZÁN
HALLAZGOS MUT
1. Algo para comer
¿Aparte de Ambrosia Bistro? Arigato, un taquito con tártaro de pescado… MORTAL!
2. Algo para tomar en MUT
Té matcha de Cafetería Rebelde.
3. Qué ver
Obviamente las tardes de música en el Jardín, siempre hay algo que sorprenda
4. Algo para regalar en MUT
Me encantaría que me regalaran algún vinilo de Needle, o una prenda de Jacinta Tienda, mi último descubrimiento.
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