Crónicas de barrio

MI BARRIO INVENTADO

La vida de barrio es la materia prima de una escritora o escritor. Es en el rito de ser parte de una vecindad, en el desgaste de pisar de ida y de vuelta las mismas baldosas de la calle de nuestro domicilio, al reconocer el ladrido de los perros de la cuadra, la escritura encuentra su atmósfera y la identidad literaria echa raíces, alimentada por el ejercicio constante de la experiencia urbana. Sin embargo, el crecimiento a través de la lectura impone otra cartografía: cuando leemos, vamos mapeando la memoria hasta articular un rompecabezas de referencias e ideas ajenas; fragmentos que tomamos prestados —o de los que, lícitamente, nos apropiamos— de los libros. Es la construcción de lo que llamo nuestro barrio inventado.

Leí por ahí que Kafka detestaba la perspectiva de regresar a Praga; lo peor para él era tener que alojarse de nuevo en la perenne casa familiar de la que siempre trató de escapar. Crecí en la intermitencia. Mis padres, al revés de los de Kafka y por razones diversas, fueron nómadas en Santiago; hoy recuerdo con cierto espanto que habitábamos una casa nueva cada tres años. Desde entonces, las mudanzas carecen para mí de ese peso de migración urbana, pues siempre me siguió una biblioteca mental: mis lecturas fueron el único territorio inamovible. Pero hay algo más, una razón de orden todavía más místico: esos escritores y sus pedazos subrayados se convirtieron en compañeros de ruta.

Providencia, por ejemplo, fue el escenario soñado de mi niñez: tenía vecinos desconocidos pero amables, un infaltable almacén cercano, una feria: pero, sobre todo, fue el lugar donde aprendí a deambular en bici, un hito físico que hoy confronto con mi archivo de fragmentos escogidos. Me encuentro con un hallazgo que habita un barrio simbólico similar al mío. El crítico Ignacio Echevarría anota: “A los 67 años de edad, Lev Tolstói aprendió a montar en bicicleta. La imagen del viejo barbudo sobre su velocípedo escandalizaba a algunos de sus más próximos colaboradores, entre ellos el escrupuloso Chertkov, su secretario, quien anotaba: ‘Tolstói va en bicicleta’. En cualquier caso, el mismo Tolstói anotaba en su diario: ‘No sé por qué deseo ir en bicicleta, Chertkov se ofusca y me critica, pero yo persevero y no me avergüenzo. Al contrario, creo que es una fantasía mía muy natural, que la opinión de los demás sobre este tema me tiene sin cuidado, y que no tiene nada de malo divertirse con sencillez como un muchacho ”.

Imposible no convocar a Clarissa Dalloway cuando hace unos días, como ella, corrí en la mañana a comprar flores para que mi casa estuviera fresca para mis invitados nocturnos. Conviven invención y realidad cuando reviso la escritura de Todo Santiago, de Roberto Merino, y asocio mis tardes de primos con La pieza oscura, de Enrique Lihn: el piñén de la niñez y los desordenados patios traseros de quienes habitan una auténtica casa de barrio; y, por qué no, la reciente lectura de El cabrito, de Juan Luis Salinas, donde supongo que su pueblo deviene también para él en terreno simbólico de la infancia.

Dicen que el buen escritor no es el que se blinda así mismo, sino el que se adelanta a leer su texto desde fuera, desdoblándose en tantos lectores y espacios como le sea posible. Admito que desde hace mucho que no vuelvo a la antigua casa familiar del barrio de mis abuelos. Me temo que, como es real, sería incapaz de soportar la nostalgia. En ese punto, me asalta mi conciencia de editora y comprendo, finalmente, que lo mejor siempre es refugiarse en el barrio inventado de la habitación propia.

ROSARIO GARRIDO

 

HALLAZGOS MUT

 

1. Algo para comer

Nada más rico y simple que un modesto, pero delicioso, curry malabar de camarón masala con arroz basmati de Donde Naresh. Paso siempre por este auténtico lugar indio para llevar algo a mi casa.

2. Algo para tomar en MUT

Expreso Martini, a ojos cerrados, de Barra Fundición.

3. Qué ver

La Plage: siempre que voy al MUT paso a ver lo qué tienen porque “la llevan”; todo es demasiado cool y de buena factura. Pero, sobre todo, ver sus calcetines y polerones, anillos… me sirve para confirmar paletas de colores y tendencias.

4. Algo para regalar en MUT

Me gusta cuidar a las personas que quiero a través de regalos personales y elegidos con tiempo. Por eso seleccioné dos regalos:

No dudo en regalar cualquier juego de Tera Ideas: cuesta seleccionar, pero me decidí por Te veo Profe; me parece que ayuda mucho a los jóvenes en estos tiempos.

Y para los recién nacidos, qué mejor que un osito tiernísimo de apego que sirve para que las guaguas duerman tranquilas y los papás puedan descansar, de Roots wooden toys.

ROSARIO GARRIDO

Gestora cultural, parte de Proyecto Espagueti y fundadora de Bastante (2014), editorial independiente que destaca por sus traducciones y la organización de exposiciones culturales. Coorganizó Voltajes y MuseoCalle; actualmente distribuye su catálogo en Santiago y Buenos Aires. Es mamá de tres hijos.