Guillermo del Valle tenía cinco años cuando desarmó el reloj de bolsillo de su abuelo, sólo por la curiosidad de entender ese tic-tac.
No lo pudo volver a armar y terminó tirándolo al techo de su casa. A los trece, en un viaje a Europa con su madre, subió corriendo la torre de la Plaza San Marco, en Venecia, Italia, para escuchar sonar las campanas al mediodía. Esos dos momentos explican mejor que cualquier currículum por qué hoy es uno de los pocos relojeros de Sudamérica capaz de fabricar, desde cero, sus propios relojes.
Fundó su empresa en 2007 en Jesús María, un pueblo al norte de Córdoba, Argentina, después de comprar por menos de cien dólares actuales, una vieja máquina de estación de tren que un relojero amigo había adaptado con el motor de una lavadora. Desde ahí construyó una trayectoria que incluye el Reloj del Bicentenario en la Casa Rosada, en Buenos Aires. En 2021, en plena pandemia, fabricó el reloj de MUT: el primer y, hasta ahora, único reloj de su empresa instalado en Chile.
Desde Jesús María, por videollamada, Guillermo cuenta su historia y la del reloj que hoy es uno de los rincones más fotografiados de MUT.

En cualquier estación del mundo el reloj está.

Sus inicios
Uno de los hitos que consolidó a la empresa fue el reloj de la Casa Rosada.
Ya llevábamos tres años haciendo relojes, nos llamaban de varios lugares, y pusimos el reloj de la Casa Rosada en Buenos Aires. Fue un hito importante para nosotros, porque la empresa se hizo muy conocida a partir de eso.
Ese año, 2010, fue el del Bicentenario de la Revolución de Mayo, así que se le llamó el Reloj del Bicentenario. Ese mismo año colocamos también un reloj de flores muy grande en Villa María, que se volvió icónico y también se llamó Reloj del Bicentenario.

Hoy son de las pocas empresas de Sudamérica que fabrica sus propias máquinas.
Sí. Nosotros fabricamos las nuestras. En Sudamérica hemos quedado como los referentes en esto. Nos gusta, porque nos llaman de todos lados. Tenemos proyectos lindos: ahora estamos encarando uno muy grande, vamos a hacer el reloj más grande del cono sur, en Concepción del Uruguay. Es de 15 metros de diámetro, con una máquina que va a pesar más de 100 kilos. Siempre estamos innovando. Este año empezamos a fabricar campanas. Tres campanas, en tres medidas, y vamos a incursionar en la automatización del vuelo de campanas magnéticas.

El proyecto MUT
¿Cómo llega el proyecto del reloj de MUT?
En algún momento nos contactó una arquitecta que trabajaba en este proyecto en Chile, la casualidad es que era de acá, de Jesús María. Nos interesó mucho.
Fue difícil, porque teníamos que armonizar un reloj que fuera moderno pero que tuviera una impronta clásica. Se trabajó en el desarrollo de esa pieza, y ese es el primer reloj que pusimos en Chile y es el único que tenemos instalado en el país.



¿Cómo fue el proceso de fabricación? Entre medio llegó la pandemia.
Cierto. Nosotros estábamos en un taller más chico cuando nos convocaron. Empezamos a desarrollar el proyecto, nos mandaron un primer boceto que era irrealizable para nosotros, así que empezamos a adaptarlo con lo que podíamos.
Nos tocó la pandemia, así que no fue fácil fabricar la pieza ni trasladarla. Nos encargamos del diseño con nuestra propia área, y nos llevó casi 90 días fabricar la pieza final.
No teníamos idea de dónde iba a estar exactamente. Normalmente nosotros vamos al lugar, nos fijamos y medimos todo. Pero en el caso de MUT no sabíamos nada. No fue fácil, pero salió, y cuando lo vimos terminado quedó muy lindo.
¿Cómo fue la logística de envío y montaje, considerando la distancia?
El reloj pesa entre 30 y 40 kilos. Se envió por DHL y viajó casi mil quinientos kilómetros. El montaje final estuvo a cargo del equipo de MUT. Nosotros hicimos asistencia técnica remota por videollamada desde Argentina y nuestros técnicos se comunicaron con el área técnica de Territoria de esa forma. No es fácil restaurar o reparar relojes a distancia, pero se pudo.
¿Quiénes fueron parte de este proyecto que sea importante nombrar?
Mi hijo, Alejandro, fue el que fabricó la máquina del reloj y la montó. Gabriel es nuestro tornero, e hizo toda la estructura de hierro que tiene el reloj. Y Franco es nuestro diseñador; él hizo todo el trabajo de diseño de la pieza. Son ellos los que fabricaron todo eso, y son las personas que más desarrollaron este producto.
Hoy un reloj público ya no es indispensable para saber la hora (por el celular, relojes inteligentes). ¿Qué rol cumple entonces?
Es cierto, hoy nadie necesita un reloj público para saber la hora. Tenemos el reloj de pulsera, el celular. Pero un reloj monumental jerarquiza el lugar, es lindo, y a la gente le llama la atención. Eso importa mucho.
Te pongo otro ejemplo. En Viña del Mar, ¿quién no se saca una foto con el reloj de flores? De hecho, estamos con un proyecto de un reloj de flores para Valdivia ahora. La gente está incorporando los relojes en los lugares con un aspecto ornamental, jerarquizando el espacio. En la Edad Media el reloj de la ciudad marcaba la hora y eso era lo importante. Hoy visten, son parte de esa idea de decir: “esto marca la hora, tiene precisión, hay tecnología dentro”, y por eso tiene que ser lindo.


Justamente en MUT eso pasa: la gente sale de la conexión con el Metro y se encuentra de frente con el reloj.
Claro. Se transformó en la pieza emblemática del lugar. Una estación de tren, si tiene un reloj, es lo primero que van a mostrar. En Argentina, todos los subterráneos de Buenos Aires tenían relojes hasta que, en la década del 90, los retiraron a todos.
Si viajas a otros países, en los aeropuertos hay relojes por todos lados. Los suizos, por ejemplo, tienen toda una industria de relojes de estación: relojes de pulsera, de vitrina, de despertador, todos con el mismo diseño del reloj de tren suizo. En cualquier estación del mundo el reloj está.