Cuando las temperaturas comienzan a bajar en Santiago, los citadinos buscan refugio en las cosas simples que antes daban por sentadas: una taza de café caliente entre las manos, una abundante vitrina de pasteles y ese libro que hace de las tardes largas algo más llevadero y ameno. Es como si lo “común” u obvio recuperara un valor inesperado, y esos lugares a los que antes se concurría por inercia hoy fueran indispensables en la rutina cotidiana.
En este tránsito hacia el frío, el otoño se instala en el Mercado Urbano Tobalaba como la excusa perfecta para encontrar un refugio en medio de la ciudad. Pero no desde el escape, más bien desde la permanencia: quedarse un rato más, visitar su variada propuesta de cafeterías de especialidad, elegir una mesa con calma y dejarse llevar por los olores chocolatosos, florales y tostados mientras su playlist “MUT Otoñal” suena de fondo on repeat. Y es que, como bien dice el refrán: “para gustos, los colores”: cada piso ofrece un lugar que promete una taza reconfortante y en su punto exacto.
Una escena que se comparte
Mientras se sube de nivel, se escuchan las máquinas en acción: moler, dosificar, tamping, extraer y texturizar una y otra vez. Es un sonido constante que da cuenta de una escena viva donde el café se transforma en una experiencia.
MUT despliega una selección de cafeterías de especialidad que no compiten entre sí; por el contrario, dialogan como parte de una misma escena: Café Altura, un ícono de San Agustín que hoy suma su cuarto local en Providencia; Bar Oculto, que además de sus mocktails y cervezas sin alcohol —y pronto cócteles y cervezas artesanales— se consolida como un nuevo punto de encuentro en el piso -2, con una barra ideal para disfrutar una taza de café en compañía; y Barra Fundición, con una cuidada selección de cafés tostados de la mano de Andariego Coffee, entre otras propuestas.
Hay espacios donde el espresso, el capuchino y los flat white marcan el ritmo de la mañana, mientras que en otros los métodos filtrados —como V60 y Chemex— invitan a una pausa más larga y contemplativa.
Una mirada experta de lo que trae el otoño
En ese mismo ritmo, el consumo de café también evoluciona. El arquitecto Ricardo Atanacio —socio y cofundador de Barra Fundición— lo explica desde la experiencia: aunque el café con leche se mantiene estable durante todo el año, en los meses fríos las preparaciones calientes vuelven a ganar protagonismo. “Los favoritos siguen siendo el capuccino, el latte y el flat white; en ese sentido, somos bastante clásicos. Nos interesa trabajar con buen café, buen grano e ir variando los filtrados. Sin embargo, en esta época también empiezan a aparecer sabores más invernales, como la vainilla, la canela y el caramelo. El matcha, por su parte, funciona muy bien —tanto caliente como frío—, y el golden toma fuerza, porque son preparaciones más calóricas”.
Además, señala que los clásicos de la coctelería también resurgen: “Siempre vuelven, como el carajillo o el espresso martini [incluido el espresso negroni], que forman parte de una experiencia más amplia que va más allá del café”.
Sin embargo, por sobre los gustos, el entorno se vuelve crucial para la experiencia. Para Fundición, el equilibrio está en diseñar espacios que acompañen sin imponer, desde quienes lo visitan hasta sus baristas. “La arquitectura no tiene que ser protagonista; tiene que acompañar y quedarse en segundo plano para que todo fluya, desde la música hasta la dinámica del equipo tras la barra”, afirma el arquitecto.
A partir de ahí, el consumo del café no solo se entiende desde cómo se prepara, sino también en qué tiempo y forma se disfruta. Si en los meses más cálidos predomina el consumo al paso, el otoño es la puerta de entrada para bajar el ritmo. En ese sentido, MUT concentra públicos diversos y complementarios: desde quienes hacen una pausa breve antes de volver a la oficina hasta quienes encuentran en estas cafeterías un lugar para trabajar, leer o simplemente quedarse. “En Fundición tenemos dos públicos bien marcados: el que viene por un café rápido y el que se instala por más tiempo. Ese segundo grupo es el que más conecta con la experiencia del lugar”, explica Atanacio.
Esa misma lógica se traslada a la propuesta gastronómica, como buena parte de la escena cafetera de MUT. El café no funciona de manera aislada, sino que dialoga con una oferta más amplia que incluye pastelería y preparaciones pensadas para todos los gustos, restricciones y los distintos momentos del día. “Nos interesa que haya alternativas para todos: opciones veganas, sin gluten o keto. La idea es que todos puedan compartir la misma mesa”, agrega.
Así, entre bebidas calientes, toques especiados y espacios pensados para quedarse, el consumo de café en otoño deja de ser algo meramente funcional y necesario. Se transforma en un ritual cotidiano —casi de supervivencia—, donde el tiempo, el entorno y la experiencia pesan tanto como lo que contiene la misma taza.